H. N. Casson
Contra las embravecidas olas de la adversidad usted puede ser un acantilado
Marco Aurelio
Haz por semejarte al peñasco batido sin cesar por las olas. Mira cómo permanece inmóvil y a su alrededor desmaya la efervescencia de las aguas.
Esta anécdota de Demóstenes sobre Filipo, Rey de Macedonia y padre del gran Alejandro, es tan antigua como oportuno y actual el recordarla siempre que observemos a los grandes líderes actuales. No hay quién se libre de los pies de barro. Y si bien se dice que: “Nadie es un héroe para su ayuda de cámara.” (1), cuanto menos lo será para alguien que no lo aprecia o que puede ser su enemigo.
Véase la siguiente historia “Los embaxadores que los ateniense habian enviado cerca de Filipo rey de Macedonia, estando de vuelta alababan á este Principe de su belleza, eloqüencia y fuerza en el beber mucho: esas alabanzas, dixo Demóstenes, no son dignas de un Rey: el primer mérito es propio de las mugeres; el segundo de los retóricos, y el tercero de las esponjas.” (2) Filipo de Macedonia no ha pasado a la Historia, ni por su elocuencia ―aunque de él se cuentan dichos muy agudos―, ni por su belleza, ni por su afición a la bebida. Demóstenes, aquí, trata duramente a su enemigo.
Notas:
(1) « Nadie es un héroe para su ayuda de cámara.” En este sitio, lo he visto atribuido a Hegel, Georg Wilhem Friedrich. (Filósofo alemán, 1770-1831): http://www.capitalemocional.com/trastero/frases.htm. En este otro: http://www.ciudad-real.es/varios/dichos/n.php, se lee: “Nadie es héroe para su ayuda de cámara: Según algunos, la expresión pertenece a los Ensayos, de Montaigne; para otros, habría sido pronunciada por Madame Carnuel, aludiendo a lo difícil que es conservar el prestigio de la intimidad. En nuestra lengua, circula (en) la forma (siguiente) nadie es un señor delante de su criado.” ¡Y yo pensaba que la frase era de Napoleón!
(2) He encontrado esta historia en el texto: Diccionario Curioso y Divertido ó Revista de Chistes, Dichos agudos y sentenciosos…, editado en la imprenta de Vega y Compañía. Madrid. 1806, (Pág. 17), transcrito tal cual allí aparece. Libro escaneado por Google Books.
Miguel Villarroya Martín, a 17 de noviembre de 2013/ RdP.073
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