H. N. Casson
Contra las embravecidas olas de la adversidad usted puede ser un acantilado
Marco Aurelio
Haz por semejarte al peñasco batido sin cesar por las olas. Mira cómo permanece inmóvil y a su alrededor desmaya la efervescencia de las aguas.
Aunque no siempre ha sido así, hoy somos la única especie inteligente viva en el planeta Tierra. Otras especies del género Homo estuvieron también en liza, los Neandertales, el Hombre de la isla de Flores en Indonesia y algunos otros candidatos con, por el momento, menor registro fósil conocido, han estado también en la carrera… pero hoy, sólo quedamos nosotros.
La discusión sobe por qué nosotros y no otros o si los Homo Sapiens somos los elegidos por la naturaleza –o por Dios- sigue en plena discusión, con abundantes y serios seguidores de esas dos opuestas hipótesis. Pero dentro de la hipótesis no religiosa también existe una intensa discusión sobre si nosotros somos el último escalón evolutivo consecuencia de muchos cambios anteriores o si ha sido el azar evolutivo el que nos ha conducido hasta aquí. A este respecto le sugiero la lectura del libro de José Luis Arsuaga e Ignacio Martínez titulado “La especie elegida” en la que los autores son partidarios del azar evolutivo. (Especialmente, no deje de leer el apartado denominado: Organización y caos, dentro del capítulo 17). ¡Es fascinante!)
Pues bien ésos autores, después de explicar y justificar ese asunto, lo rematan con un par de ejemplos espectaculares que tiene interés para nuestra causa: la impredecibilidad de los hechos que ocurrirán en el futuro. De esto ya le he hablado en los artículos dedicados a Creso, el último rey de Lidia y en el titulado El alcalde de Hiroshima, pero ahora le traigo un ejemplo de mayor trascendencia: el de la aparición de la inteligencia en la Tierra. Véase a continuación cómo presentan los autores citados estas ideas.
Una de ellas se refiere “a un biólogo extraterrestre” que cada cierto tiempo visita la Tierra con el encargo científico de estimar en qué especie, de entre las existentes en cada momento de su visita, parece más probable que se desarrolle en ella la Inteligencia. Arsuaga y Martínez lo explican en el capítulo titulado, “El sentido de la evolución”, pero yo se lo resumo en un corto párrafo:
En las primeras cinco visitas realizadas por el biólogo alienígena, ante la evidencia con la que se encontraba en cada viaje, hubiese indicado a cinco especies (una por vez) diferentes como las más probables como destinatarias a albergar la Inteligencia… pero el problema con sus informes es que el registro fósil que conocemos nos indica que hubiese errado en todos los casos pues en cada de esos cinco momentos, la especie que parecía haber sido bendecida por la evolución –era la dominante en ese momento- desaparecería finalmente o se trasformaría en otra.
El segundo ejemplo es aún más claro pues si la última visita hubiese sido hace 100.000 años, el informe del biólogo forastero hubiese apuntado hacia el hombre de Neandertal y no hacia nosotros los Sapiens. Los Neandertales eran más grandes y fuertes que nosotros, tenían más capacidad craneal, eran más numerosos (al principio)…, habían llegado antes a Europa y, recientemente, se han encontrado muestras de pinturas rupestres específicamente neandertales que indican una cierta vida espiritual. Y sin embargo, pequeños grupos de sapiens provenientes del África vendrían luego y serían los que sobrevivirían en la batalla competitiva. Ellos, los neandertales, desaparecieron y nosotros continuamos.
Es un tema apasionante para muchos, pero nosotros queremos insistir en uno sólo de sus aspectos: si la evidencia científica frente a la predicción del futuro se colapsa ante la realidad y si lo previsto fracasa frente a lo que se está haciendo en cada instante… ¿por qué está tan extendida esa creencia acerca de que el futuro puede preverse?
No lo sé, pero si en algo tan serio como la aparición de la Inteligencia en un planeta con vida orgánica, no se pudo prever cuál sería “la especie elegida”… ¿Qué cree usted que puede decirse, seriamente, sobre el futuro de cualquier otro aspecto de mucho menor fuste?
Y no se escude en que la idea del biólogo extraterrestre es demasiado fantasiosa pues el registro fósil conocido del que se dispone hace el papel de ese viajero forastero y nos muestra los grandes y radicales cambios ocurridos en la Tierra en cinco ocasiones anteriores, que, entre muchos otros cambios, “desviaron” la evolución de la inteligencia desde lo que parecía que iba a ocurrir a lo realmente sucedido.
Nadie puede prever el futuro: así que abandone su creencia en él… los futuros posibles que le he indicado en otro artículo: dorado, optimista, probable, pesimista y apocalíptico, son todos ellos posibles, pero el que alcanzaremos nadie lo sabe, nadie lo puede saber y, probablemente, de ser conocido, nos serviría para muy poco.
¿Qué ocurrirá pues?… Nadie lo sabe, aunque yo espero que en la próxima visita del biólogo extraterrestre, éste pueda seguir hablando con nosotros y no con, por ejemplo, las cucarachas.
Miguel Villarroya Martín / Arroyo de la vega / Madrid / España / Prs.003
P.D. El olvido del futuro como preocupación, que estoy reiterándole en estos artículos no quita que en próximas entregas le hable de su alternativa racional: la prospección de los futuros posibles como guía para nuestro desempeño en el presente… y sus brazos armados: los sistemas de vigilancia temprana de nuestro entorno y la respuesta rápida a los cambios que nos solicitan.
Nota del 16-06-2012: En esta postal, editada otiginalmente en Inmodiario (www.inmodiario.com), llevávamos al límite al argumento de la impredecibilidad de determinados hechos, poniendo como ejemplo la aparición de la inteligencia en La Tierra. Usábamos una imagen extraordinaria: la del viajero extraterrestre debida a los antropólogos citados y la retorcíamos un poco fijando el origen de ese posible viajero interestelar: Sirio. (No me atreví a poner Sirio B). Pero más allá de lo anecdótico lo que queda claro es que lo que parece que va a ser puede en cualquier momento dejar de serlo. Las cinco grandes extinciones de vida ocurridas en nuestro planeta nos advierten de la fragilidad de lo probable pues no en una sino en cinco ocasiones anteriores la inteligencia podría haber aparecido siguiendo otro «filum» evolutivo y recaer en otros tantos géneros no humanos. Esto lo sabemos por el registro fósil y es poco discutible.
Y si entramos en nuestro género homo, el asunto de porqué nosotros, los sapiens, y no otras especies como los neandertales, de nuevo aleja más aún el valor de la predecibilidad.
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