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    Bucéfalo, el caballo buey de Alejandro El Magno

     Un caballo a la altura de su dueño. Eso fue Bucéfalo. El caballo de Alejandro lo acompañó fiel y poderosamente hasta que el animal murió, años después,  tras la Batalla del río Hidaspes (en el Pakistan actual).  Hoy le quiero traer una anécdota antigua (1) sobre su elección  por Alejandro.

    Bucéfalo

    Siempre se ha destacado, en esta anécdota (2), la aguda y premonitoria frase de Filipo sobre el destino de su hijo, demasiado grande para poder ser satisfecha con solo el reino de Macedonia; pero a mí me gusta más señalar la fidelidad del caballo hacia su dueño. Bucéfalo estuvo con Alejandro hasta que murió, habiendo llevado a su dueño de victoria en victoria, hasta el lejano Pakistán. Alejandro, para conmemorar su triunfo, fundó dos ciudades gemelas a ambos lados del río Hidaspes, lugar de su última batalla. Y  a una de ellas  la llamó presisamente: Alejandría Bucéfala.

    Notas:

     (1)  Extraído de: DICCIONARIO MANUAL  Y DICHOS MEMORABLES DE HECHOS DE LA HISTORIA ANTIGUA. TRASLADADO AL CASTELLANO POR EL TENIENTE CORONEL DON BERNARDO MARÍA DE CALZADA. TOMO I.  MADRID: EN LA IMPRENTA REAL. 1794. Se hallará en la Librería de Gómez, calle de  Carretas. La cita se halla en la página 63. Libro escaneado por Google Books, desde donde  se han trasladado, con la grafía que allí se encuentra, la anécdota señalada.

    (2) Bucéfalo.  Véase como cuentan esta anécdota en la Wikipedia: “Bucéfalo fue la montura de Alejandro desde que éste contaba 9 años de edad, cuando fue presentado entre otros caballos ante su padre, el rey Filipo II de Macedonia, para que los comprara. Fue entonces cuando, según narra la leyenda, el caballo comenzó a mostrarse tosco y salvaje, relinchando y lanzando coces por doquier, sin que nadie lograra apaciguarlo. Sólo el joven Alejandro logró montar al caballo, y se dio cuenta de que el caballo recelaba de su propia sombra. Alejandro giró la cabeza del caballo hacia el sol, cegándole y subiéndose de un solo gesto al caballo, momento que haría pronunciar a su padre la célebre frase: «Hijo, búscate un reino que se iguale a tu grandeza, porque Macedonia es pequeña para ti.» Se dice que desde entonces Bucéfalo sólo se dejaba montar por Alejandro, si bien permitía ser cuidado por sus sirvientes.”  Véase en: http://es.wikipedia.org/wiki/Buc%C3%A9falo.  No se pierda la segunda versión -más fantástica pero mucho más bella- de la doma del caballo, que ahí aparece.

    Miguel Villarroya Martín, a  doce de noviembre de 2013.   / RdP.072

     

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